Las filas de seguridad del aeropuerto se han convertido una vez más en el ejemplo más claro del estancamiento político: un recordatorio largo y lento de que las luchas presupuestarias abstractas de Washington eventualmente terminan en el equipaje de mano de alguien. Con los inspectores de la TSA trabajando sin paga como resultado del cierre parcial del gobierno, las esperas se extendieron hasta tres horas y media, convirtiendo los viajes de vacaciones de primavera en un verdadero cuello de botella.
