Durante años, los centros de datos de IA y la computación cuántica han sido tratados como historias separadas con problemas separados. Una trata sobre gigavatios, tensión en la red y disputas de servicios públicos sobre quién paga por la infraestructura. La otra trata sobre física de laboratorio, enfriamiento criogénico y avances que siempre están a una década de distancia.
